"Hay personas que tienen carros y no tienen licencia... le (pagarán) un estipendio al Estado y siguen trabajando", dijo a la AP, Juan Oliva, un taxista --o "botero" como se los llama-- en referencia a sus colegas que operan ilegalmente arriesgándose a ser multados y hasta decomisados.
La medida fue anunciada el martes por Radio Rebelde en declaraciones atribuidas al Ministro de Transporte, Jorge Luis Sierra, quien compareció a puertas cerradas ante diputados.
Los permisos en vigencia --y que dejaron de otorgarse en 1999 cuando la mejoras en la economía trajeron un reforzamiento del Estado comunista-- permiten a los choferes disponer sus propias rutas y cobrar libremente, dando lugar a toda clases de abusos.
"Si va a resolver el problema de la transportación popular, está bien que den licencias", comentó el taxista Enemelio Trujillo.
Esta medida se suma con otras del presidente Raúl Castro que disuelven restricciones que el sistema imponía a los cubanos, a quienes ahora les permiten alojarse libremente en hoteles o comprar electrodomésticos; la liberación de las líneas de celulares o la entrega de tierra en usufructo a campesinos privados.
El informe de Radio Rebelde indicó que la aprobación de licencias comenzará en las zonas rurales y otras donde no avanzó un programa oficial de reactivación del transporte.
Mientras, los usuarios suelen protestar por los precios que cobran estos taxis particulares, que suelen ser enormes automóviles de modelos anteriores al triunfo de la revolución, a algunos de los cuales les cambiaron los motores para hacerlos más económicos.
Los choferes particulares cobran unos 10 pesos cubanos (0,47 centavos de dólar) por viaje a cada uno de lo pasajeros que va recogiendo a lo largo del camino, unas cuatro personas a la vez.
Mora destacó que el transporte público mejoró con la puesta en circulación este año de cientos de nuevos autobuses, minibuses y la creación de nuevas rutas.
Ante una crisis en el sector, las autoridades destinaron 2.000 millones de dólares para invertir en el transporte durante cinco años. Esto implicó la compra a China y Rusia de 1.500 autobuses urbanos, igual número para servicio intermunicipal y otros 1.000 para interprovincial.
El propio mandatario Raúl Castro reconoció que el transporte público era un sector "colapsado", mientras taxistas legales o ilegales pasaron a ser parte de la vida cotidiana de los cubanos.
Durante su mandato, el ex presidente Fidel Castro criticó a los taxistas particulares que se aprovechaban de las necesidades de transporte de la gente y la crisis del país, cobrando caro y comprando combustible robado al Estado.
